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China endurece aún más su control sobre Internet

 

No le ha gustado al gobierno chino que sus ciudadanos hayan podido ver en Internet a algunos de sus funcionarios desnudos postrados sobre jóvenes prostitutas. O a otros luciendo relojes valorados en miles de dólares en actos oficiales; o sonriendo frente a un accidente mortal. Tampoco le gusta a Beijing que sus 500 millones de internautas tengan la libertad de denunciar, comentar y criticar los abusos de sus políticos en blogs y redes sociales.
 
Para los que pensaban que el nuevo líder de China, Xi Jinping, iba a ser el patrón que guiara al país más poblado del mundo hacia una era de mayores libertades, primer golpe: la censura sobre Internet se endurece todavía un poco más bajo el mandato de la nueva cúpula. El gobierno exigirá a todos los usuarios que se registren con su nombre verdadero cada vez que emitan un comentario, y restringirá aún más la creación y uso de publicaciones digitales, una medida destinada a estrangular a los blogueros más ácidos.
 
China es ya el mayor opresor mundial de Internet . La asfixia sobre la red alcanzó un nuevo tope a raíz del 18º Congreso del Partido Comunista, celebrado en noviembre y donde se eligió a la nueva cúpula de dirigentes para la próxima década. La transición de poder es siempre en China un momento muy sensible, lo que sumado a los distintos escándalos de corrupción oficial ocurridos en los últimos meses convenció al régimen de que era preciso censurar todo lo imaginable.
 
Pero lo que parecía una medida temporal se está destapando como una nueva norma. Abrir en China una web extranjera requiere hoy de una paciencia casi infinita. La “Gran Muralla de Fuego”, como se conoce al sistema de censura cibernética chino, detiene y chequea todo el tráfico de la red. Miles de personas anónimas trabajan sin descanso actualizando la lista de nombres, expresiones y contenidos que deben ser eliminados para garantizar la estabilidad social y evitar la difusión de “rumores” perniciosos que “dañan a la población” , tal como reza el mantra oficial para justificar la censura.
 
El régimen sabe que los chinos son cada vez más cínicos con sus políticos, y que sólo el buen funcionamiento de la economía nacional lo protege de un disgusto mayúsculo. Por eso siente la necesidad de controlar la red, más aún después de ver el papel clave que jugó Internet en el nacimiento y propagación de la Primavera Árabe , que derrocó como un huracán las dictaduras de Túnez y Egipto.
 
“Aún están muy paranoicos sobre el potencial efecto desestabilizador de Internet”, dijo Willy Lam, analista de la Universidad China de Hong Kong, a la agencia AP. “Están a punto de perder el monopolio de la información, pero siguen muy ansiosos por controlar la difusión de las opiniones”.
 

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