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Rousseff y Obama, una cumbre con intereses contrapuestos

 

Dilma Rousseff desembarca hoy en Washington para reunirse mañana, durante 3 horas, con su anfitrión Barack Obama. Es su primera visita oficial a Washington pero ya estuvo en la Casa Blanca, cuando era ministra de Lula, y recibió a Obama en Brasilia hace poco más de un año. Fiel a su estilo, la jefa de Estado brasileña va con una agenda casi exclusivamente bilateral y con énfasis en asuntos económicos.
 
Y no desea detenerse, según indicaron diplomáticos y ministros en Brasilia, en asuntos internacionales como pueden ser Irán y Siria.
 
Hay dos ejes que preocupan al gobierno brasileño y a los que Dilma dará prioridad. Uno de ellos es la llamada “guerra cambiaria”. Brasil sostiene que la política de expansión monetaria en Washington y Europa crea una devaluación artificial del dólar y el euro frente al real. Para enfrentar la desventaja que supone en la competencia de bienes producidos en el exterior y dentro de su propio mercado, hay una iniciativa que la presidenta brasileña quiere alentar y es la creación de normas “antidumping” cambiarias en el marco de la OMC. En esa línea, a Rousseff le preocupa y mucho el déficit comercial brasileño con EE.UU.
 
Hay también temas de defensa en las conversaciones. Para los brasileños, será relevante abordar la fracasada licitación de la Fuerza Aérea norteamericana que había adjudicado a Embraer la provisión de aviones de entrenamiento. Pero así como Brasil está interesado en revitalizar ese negocio, en Washington aspiran a quedarse con la venta de una treintena de aviones caza ofertados por la Boeing, en una operación disputada también por Francia y Suecia.
 
A Brasil le interesa, también, involucrar a EE.UU. en forma más activa en la Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible. Bautizada como “Río más 20”, la cita debe convocar a un centenar de jefes de Estado los días 13 a 22 de junio.
 
Brasilia pretende que esta mega reunión se convierta en una “referencia” internacional en la lucha por preservar el medio ambiente sin por eso dejar de lado las metas de desarrollo y de inclusión social. Para Rousseff, los temas referidos a la cooperación en ciencia y educación son centrales en la relación bilateral.
 
En la diplomacia brasileña había una cierta decepción por la recepción que Obama le brindará a Dilma. No tendrá las honras de jefa de Estado ya que la visita es oficial y de trabajo. Según la Casa Blanca, no es usual dar esa categoría a una gira presidencial, y menos en un año electoral.
 
Según afirmaron en el Palacio del Planalto, para la mandataria lo esencial es hacer buenos negocios y aprovechar el interés de Obama de cuidar las relaciones con Brasil que se recuperaron después del sobresalto vivido en 2009, cuando fracasó la iniciativa del ex presidente Lula da Silva y el premier turco Erdogan en relación a Irán.
 
A partir de ese momento, hubo una creciente frialdad que recién pudo recuperarse con la visita de Obama a Brasilia y Río, en marzo de 2011. Para la corresponsal del diario Estado de Sao Paulo en Washington, Denise Crispin, “al no haber temas impactantes a ser negociados, los dos lados evitan hablar de relanzamiento de las relaciones bilaterales o de una sociedad Brasil-EE.UU.” Temas del pasado, como el empleo de etanol como combustible para autos, perdió fuerza “por el impuso que Obama da a la fabricación de autos eléctricos”. Con todo, Washington quiere oír a Dilma sobre temas sensibles como Siria e Irán. Ellos “quisieran agregar al país en su movimiento internacional destinado a forzar la renuncia del presidente sirio Bashar al-Assad”, sostuvieron.

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