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Los narcos asesinan en México a once músicos de una banda de cumbia

 

En México, tocar en lugares “calientes” puede significar dos cosas: hacerlo en un club de alterne o hacerlo ante los narcos. La segunda deja más dinero pero cada vez es más habitual terminar en una cuneta con un tiro en la cabeza. Aunque toques cumbia.
 
Nadie en el mundo quisiera estar hoy en el pellejo del único componente de Kombo Kolombia que se escapó de la matanza del viernes y que hoy es uno de los tipos más protegidos del país. Él fue quien avisó a las autoridades de que el resto de los 12 componentes del grupo estaban en el fondo de un pozo.
 
Sus compañeros fueron fusilados tras el concierto que ofrecieron en una finca privada cerca de Monclova, en el estado fronterizo de Nuevo León.
 
Todos ellos recibieron disparos en el pecho, el abdomen y la cabeza antes de ser arrojados al agujero de este desértico paraje. Fue un fusilamiento con todos los rigores de la mafia.
 
Después de tres días buscando a la banda por los lugares más remotos, el vocero de seguridad de Nuevo León, Jorge Domene, confirmó que los cuerpos aparecieron gracias al único superviviente. Éste, explicó que Kombo Kolombia tocaba ante 50 personas cuando, pasadas las doce de la noche, irrumpieron diez sicarios y se dirigieron contra la exitosa agrupación musical, sin que hasta ahora se conozca el motivo.
 
Cuando al día siguiente llegaron las cámaras de televisión y la policía en el lugar sólo quedaban unas sillas tiradas, 20 casquillos y el repertorio de la banda. El músico que logró escapar explicó también a la policía que, antes de ser ejecutados, los sicarios los interrogaron sobre posibles lazos con algún cártel (rival) del narcotráfico, algo que negaron.
 
El grupo estaba integrado por los músicos y una decena de miembros del equipo técnico.
 
Kombo Kolombia eran muy popular en la región y tenían gran poder de convocatoria gracias a sus pegadizas cumbias y vallenatos que interpretaban a lo largo de la región.
 
Sin embargo, tocaron largas temporadas en locales y bares de Monterrey como El Sabino Gordo, que fue atacado por el cártel del Golfo en 2011 y donde murieron 21 personas y el Bar Internacional también atacado en distintas ocasiones por estar vinculado al cártel de los Zetas. Según la prensa local, los músicos podrían haber sido asesinados por un grupo rival para enviar un mensaje.
 
El compositor Gonzalo Peña, a quien llaman El Rey del narcocorrido, dice que lo primero que hace un narco tras lograr “una operación exitosa” es contratar a un músico conocido para que le escriba un corrido y cante su aventura. Los narcotraficantes les pagan para que relaten sus hazañas en el hampa.
 
Según se afirma aquí, los capos tienen necesidad de ostentar éxito, poder, capacidad de consumo; lo que se llama la narcoestética: casas, autos, ropa, lujos … Parte de esa necesidad de trascendencia la cubren, comentan y alaban los corridos, cuyo papel es destacar atributos reales o imaginarios de los mafiosos que pagan bien por oír ser elogiados o sentirse héroes. Así, capos anónimos entregan fajos de dólares por temas que los inmortalizan.
 
Pero esta vez llama la atención que se trata de una agrupación que no interpreta narcocorridos sino cumbia, vallenato, poco ligados al crimen organizado, como ocurrió en algunas tragedias ocurridas a intérpretes gruperos. En 2007 fue secuestrado y estrangulado en Michoacán el cantante Sergio Gómez, de la banda K-Paz de la Sierra, y en 2010 fue asesinado a balazos el cantante Sergio Vega, El Shaka, cuyo Cadillac fue acribillado en el Estado de Sinaloa. Un año antes fue asesinado el guapo Valentín Elizalde.
 
La matanza de músicos supone también el primer hecho violento de impacto del nuevo presidente Enrique Peña Nieto, que no lleva ni dos meses en el poder, pero ya ve como se reproducen las ejecuciones masivas del pasado.
 

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