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Elección del Papa : no hubo acuerdo y hoy habrá cuatro nuevas votaciones

 

Miles de fieles agolpados en la plaza de San Pedro en un día destemplado, lluvioso, recibieron anoche con un prolongado “¡ooohhh!” el humo negro que salía de la chimenea colocada sobre el techo de la Capilla Sixtina. Anunciaba que en la primera votación, los 115 cardenales electores no se pusieron de acuerdo en torno a una figura que cosechara un mínimo de 77 votos, los dos tercios indispensables para ser elegido como nuevo Papa. Prácticamente nunca hay fumata blanca en la primera votación, que es una especie de primaria que permite evaluar con cuanto consenso arrancan en el Cónclave los purpurados favoritos.
 
El resultado de anoche y los de las votaciones que seguirán desde hoy –dos por la mañana, dos por la tarde– están cubiertas por un riguroso juramento de secreto, siempre violado por alguno de los protagonistas. Es cuestión de esperar un poco.
 
Algunas versiones señalan que en los últimos dos días se ha reforzado la posición del arzobispo de Milán y ex patriarca de Venecia, cardenal Angelo Scola, 71, que siempre ha estado adelante en los vaticinios. Scola contaría con un paquete de más de 40 votos, una cifra consistente pero lejana de los dos tercios necesarios.
 
En abril de 2005, el superfavorito Joseph Ratzinger trepó rápidamente. En la primera votación sacó 47 votos, en la segunda 65, en la tercera 72. Fue elegido como Benedicto XVI en la cuarta, con 84 votos. El total de cardenales electores, menores de 80 años, era de 115, como ahora. Las cuatro votaciones duraron en horas menos de un día.
 
Scola, un lombardo enérgico, fuerte en teología y gran administrador, fue promovido a arzobispo de Milán, la arquidiócesis más importante de Europa, después de haber sido patriarca de Venecia. En el último siglo Milán y Venecia dieron cinco papas a la Iglesia. En junio del año pasado, Clarín tituló que, promoviéndolo a Milán, Benedicto XVI había indicado a su sucesor.
 
Ex rector de grandes universidades católicas, Scola fundó la organización Oasis cuando era patriarca veneciano, que ha dado buenos frutos en el diálogo entre católicos y los líderes religiosos e intelectuales islámicos. Pero Scola no es un candidato irresistible. Ha prometido que limpiará a la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, de las facciones que luchan entre sí, de la corrupción y los escándalos.
 
El “partido romano” se defiende detrás de un ·”extranjero”, que considera el mejor candidato aunque el grupo italiano en el Cónclave llega a 28 divididos cardenales, lejos el mayor grupo nacional. Se trata del arzobispo de San Pablo, Odilo Scherer, de 63 años, que contaría con un paquete superior a los 30 votos. En los últimos días los vaticanistas creen que la opción Scherer se ha desinflado. El lunes por la mañana, en la última Congregación preparatoria, el cardenal Tarcisio Bertone, cardenal camarlengo y hombre fuerte del “partido romano”, junto con el Decano Angelo Sodano, hizo una defensa extrema de la gestión del IOR, el banco del Papa, en el centro de tantos escándalos.
 
Treinta cardenales contestaron su versión. Otros cuatro lo defendieron y uno de ellos fue Odilo Scherer, que integra el grupo de purpurados que vigila las finanzas del IOR. Se sabrá pronto si esta decisión del arzobispo de San Pablo fue acertada o ayudó a comprometer su candidatura.
 
Es probable que en la primera votación también recibieron apoyo dos personajes que parecen crecer en la pugna por el papado. El canadiense Marc Ouellet, 68 años, es un importante cardenal “ministro” en la Curia Romana, ratzingeriano de fierro, demasiado conservador para muchos fieles de Canadá. Cuenta con amigos en el “partido americano” de 11 purpurados de EEUU, pero también en los latinoamericanos de México, Colombia y centroamérica, porque en la zona vivió durante once años. Ouellet tiene la ventaja de ser apreciado por los dos grandes bloques contrapuestos. Propone reformar la Curia pero sin causar laceraciones, modernizar las estructuras con prudencia. Ofrece como garantía su ortodoxia de discípulo de Benedicto XVI, que siguió ayer por televisión, desde su retiro de Castelgandolfo, los momentos previos del Cónclave hasta que cerraron las puertas “cum clave” de la Capilla Sixtina. El otro candidato que podría hoy hacer valer su peso en las dos últimas votaciones (cuarta y quinta) es el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, 63 años. Enérgico, pastoral, alegre, Dolan cuenta con el apoyo de sus cardenales nacionales, pero también de una parte de los italianos y de un grupo de europeos. Elegirlo sería un “shock”, porque representa a la superpotencia estratégica y la Iglesia norteamericana está muy vinculada al conservador Partido Republicano, contrapuesto al presidente Barack Obama. En algunas regiones del planeta, un Papa norteamericano suscitaría hostilidad, en otras desconfianza, en otras perplejidad. Si no es Dolan el elegido, los norteamericanos tienen otro candidato que es el carismático capuchino Sean O’Mailley, 68 años, arzobispo de Boston, de creciente popularidad.
 

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