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Dos mil policías y militares ocuparon dos violentas favelas de Rio de Janeiro

 

No eran más de las 6 de la mañana cuando un poderoso contingente uniformado, integrado por soldados de la Marina de guerra y por policías militares, cercó la favela Manguinhos, en la zona norte de Río de Janeiro. Un cuarto de hora después, los 2.000 hombres de esa fuerza se diseminaban por la vecina Jacarezinho. El operativo tuvo una precisión quirúrgica, sin que se disparara un solo tiro .
 
El avance conjunto de agentes y marinos, que tomaron áreas estratégicas de estos dos complejos marginales, fue continuado con la instalación de containers que servirán, los próximos días, para alojar temporariamente a los efectivos del Batallón de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP), que debe devolver la calma y la seguridad a las dos comunidades. Hubo quien escuchó ruidos de balas. Pero, según el comisario Marcos Vinicius Braga, “pueden haber sido disparos de los delincuentes que tiraron al aire en el momento de la huida. Hay que tener en cuenta que si nosotros nos hacemos presentes es porque se trata de reductos de delincuentes peligrosos”.
 
La región de Manguinhos es un conjunto de favelas que comenzó a degradarse con el vaciamiento económico. A partir de los 80, las industrias que se extendían por la región como las lácteas, o inclusive un cuartel del Ejército, fueron abandonadas y ganaron terreno las ocupaciones informales, con construcciones precarias. Los barrios se transformaron en territorio del narcotráfico, lo que incrementó la violencia y los enfrentamientos con la policía, y entre las propias bandas que disputaban territorios.
 
Al entrar en ambos complejos, con 24 tanquetas y helicópteros , las fuerzas militares y policiales debieron remover barricadas que habían montado los narcos antes de abandonar el lugar. Se encontraron con paredes pintadas con consignas contrarias a la ocupación policial. Vieron calles llenas de basura, lámparas de iluminación pública colgadas de cables viejos y, peor aún, casas adyacentes a cloacas a cielo abierto. Pese a ser un asentamiento antiguo, en Manguinhos falta asfalto y saneamiento. El coronel Frederico Caldas, de la Policía Militar, sintetizó: “Son 30 años de abandono de esta localidad, donde proliferaron todo tipo de delincuentes y la población se vio obligada a convivir con esto”.
 
El secretario de Seguridad Pública del estado fluminense, José Mariano Beltrame, no dio relevancia a las escasas detenciones ejecutadas; sólo tres narcotraficantes fueron hechos arrestados durante la ocupación. “No estamos preocupados con eso: no queremos un delincuente como trofeo policial. Lo más importante es devolver el territorio a más de 70.000 personas que viven en él, sin necesidad de disparar tiros”.
 
Beltrame, el funcionario elegido por el gobernador Sergio Cabral para “limpiar” el narcotráfico de las favelas de Río, se ha empeñado en dejar una ciudad libre del flagelo para el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, pero con los menores “daños colaterales” posibles. “Lo destacable de esta operación fue, precisamente, la inteligencia policial que la precedió”. Tanto él como las fuerzas de seguridad saben que ocupar es apenas el primer paso para la erradicación de las gavillas.
 
“Sabemos que quedan muchas armas y drogas. Pero ya estamos en el terreno y esperamos contar con la participación de la sociedad”, dijo Fernando Veloso, de la Policía Civil.
 
La primera respuesta de los habitantes de estas favelas fue cautelosa. Unas horas después del inicio del operativo, los comerciantes se animaron a levantar las persianas. Algunos mencionaron que con la presencia uniformada puede cambiar el escenario de la favela. Por de pronto, un centenar de adictos al paco fueron enviados a albergues temporarios. Y los menores de edad, a hospitales. El gobernador reafirmó que esta acción no es efímera: “Aquí ocupamos del mismo modo que lo hicimos en otras comunidades, como Ciudad de Dios. Después de entrar inauguramos Unidades de Policía Pacificadora, que han dado lugar a un proceso que lleva estabilidad a las comunidades”. Río tiene ya 28 de estas UPP desde fines de 2008.
 

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