Santo Domingo:- La Revolución de Abril es la culminación de un proceso histórico iniciado en 1961 con la muerte de Rafael Leónidas Trujillo Molina, caracterizado por la lucha de sectores oligárquicos tradicionales, civiles y militares, en pugna para controlar el patrimonio económico y político dejado por el Tirano y, conjuntamente, la exigencia de cambios profundos de amplios sectores de la población, víctimas de exclusión y sometidos a un férreo régimen personal durante tres décadas.

Para muchos intelectuales e investigadores de la historia, la revolución de abril, que arriba a sus 58 años, es uno de los acontecimientos más trascendentes del devenir dominicano en el siglo XX. No se trataba del simple conflicto entre grupos por la toma del poder, sino de un movimiento esencialmente democrático y popular que pretendía cambios sociales profundos, cuyas lecciones resulta necesario reivindicar.

En el ámbito internacional, los Estados Unidos maniobraron para que la ruptura violenta del régimen no condujera a la emergencia de fuerzas progresistas y expusiera al país al peligro que, a su juicio, representaba Cuba, “irradiadora del comunismo en el hemisferio”. Para evitarlo, respaldaron a aquellos núcleos que representaban el trujillismo sin Trujillo.

Estas condiciones abrieron un período de cuatro años (1961-1965) marcado por once gobiernos sucesivos, la conformación de organizaciones políticas representativas de intereses en conflicto, la realización de elecciones nacionales, el golpe de Estado, las huelgas, mítines, marchas…, cuyo desenlace final fue la revolución de abril de 1965.

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